Japón 2003

Tuvimos la suerte de poder hacer este viaje gracias a la hospitalidad de Sergio, buen amigo y primo de mi señora esposa. Estaba trabajando en Osaka en verano de 2003 y amablemente nos invitó a que le visitaramos. De no ser por él, no creo que nunca nos hubieramos atrevido a gastar el dineral que cuesta pernoctar en Japón (que hay que sumar lo caro que es la comida, y viajar en avión hasta allí). Todo es carísimo, se nota sobre todo en el transporte, ya con la densidad de población que hay, las ciudades son muy grandes (sólo en Tokyo y alrededores viven 40 millones de habitantes), aunque hay que decir que los trenes son extremadamente puntuales, eficaces y cómodos (nada que ver con la RENFE), así que no duele tanto, aunque el dinero se va igualmente.

Ya que teníamos la "cama" (es un decir, ya que en Japón se duerme en zutones en el suelo) en Osaka, fue la ciudad que más tiempo invertimos en descubrir, pero al estar bien situada, pudimos hacer excursiones a Miyajima, Hiroshima, Kyoto, Tokyo, alrededores del Monte Fuji, e incluso disfrutar de alguna playa (cuyo nombre no recuerdo).

La comida, cuando te acostumbras, es bastante buena. Muy basada en el arroz, pero nada que ver con los restaurantes japoneses de aquí. Por ejemplo, el pescado crudo apenas se consume, ya que con lo ajetreado de sus vidas, no pueden prepararlo adecuadamente, y en los restaurantes resulta carísimo (más aún que lo demás, quiero decir). El té es la bebida tradicional, y se consume normalmente con las comidas, aunque también se bebe cada vez más cerveza.

Japón es un país extraordinario, donde se mezclan la tradición y la modernidad (futuro para los españolitos en vías de desarrollo) con asombrosa armonía. La tecnología más moderna en España es la que está ya desfasada en Japón (me da por pensar que los excedentes de sus productos cuando salen nuevos son los que nos venden). En contraste, en cuanto sales de la ciudad, todo es absolutamente verde tropical. En las playas tienes, a 100 metros del agua, bosques tropicales preciosos que contrasta con la increíble poca afluencia que tienen (en España estaría todo completamente saturado de turistas).

Los japoneses son bastantes reservados, sobre todo con los gaijines (extranjeros), pero siempre amables. Lo difícil es entenderte, ya que casi nadie habla inglés (por supuesto menos aún español). La japonesa es la sociedad más consumista que he conocido (y por lo que he oído más incluso que los estadounidenses, aunque no los conozco). Del mito del japonés traidional con disciplina de samurai sólo queda su dedicación al trabajo, ya que lo hacen muchas horas (aunque a un ritmo que no es para matarse, por cierto), y las japonesas están más pendientes de productos de maquillaje y ropa que lo que me hubiera podido imaginar nunca.

De todas maneras, ha sido uno de los viajes más completos y sorprendentes que he hecho, y de los que tengo mejor recuerdo. Una cultura muy diferente, (a pesar de que del tópico tradicional queda muy poco), y una sociedad muy bien organizada (aunque cada vez menos, debido a la influencia estadounidense).


Fotografías hechas por Javier Giménez © 2003.
Cámara utilizada: Canon Powershot A70.